Lo que significa ser una inmobiliaria ética en el día a día

ética frente a dinero

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Tiempo de lectura estimado: 4 minutos

A menudo nos piden que expliquemos qué es una inmobiliaria ética y nosotros nos ponemos a hablar de la triple cuenta de resultados, de la ausencia de ánimo de lucro, de la economía del bien común, de la innovación social, del mercado social…. Todo ello conceptos y movimientos que forman parte de nuestro ADN y que dan forma y sentido a la iniciativa que constituye  Etikalia

Pero ese ADN es lo que nos lleva a comportarnos de determinada manera que sería de otra forma si nuestro ADN también fuese diferente. Y de eso quiero hablar hoy, de cosas concretas y reales que nos han pasado este último mes pero que no son excepcionales y forman parte de nuestro día a día. En todos estos casos siempre preferimos adoptar un comportamiento ético aunque eso suponga perder dinero.

No se admiten extranjeros en nuestro piso de alquiler

A principios de enero cerramos con la propietaria de un piso el contrato de comercialización de alquiler y comenzamos a hacer nuestro trabajo para localizar a unos inquilinos que cumplieran un mínimo de solvencia (que la renta no supere el 40% de sus ingresos). Después de varias visitas dimos con unos chicos que cumplían ese requisito y que nos generaban suficiente confianza como para alquilarles un piso que fuese nuestro. Así que informamos a la propietaria y en ese momento nos pidió la documentación de ingresos que nos habían aportado. Esto último no es frecuente pero tampoco es raro. Nuestra sorpresa fue que rechazó a estos inquilinos por tener NIE, es decir, por ser extranjeros. 

Nosotros no podemos imponer a un propietario a quién debe alquilar su casa pero nosotros tampoco tenemos por qué aceptar sus decisiones cuando no encajan con nuestro marco ético (e incluso legal en este caso). Así que dado que la propietaria no permitía alquilar a extranjeros decidimos no seguir adelante con el contrato de comercialización que teníamos firmado con ella. Todo eso teniendo en cuenta el trabajo que se había hecho de visitar varias veces la vivienda, atender llamadas, hacer la valoración, publicar los anuncios en los portales inmobiliarios… 

Es decir, hemos asumido un coste económico (y sobre todo humano, de horas dedicadas de una profesional de Etikalia) pero hemos preferido no aceptar la imposición de la propietaria antes de faltar a nuestra ética. En términos económicos han sido más de 1000 euros los que hemos dejado de cobrar al negarnos a cerrar esta operación

Ocultar sus derechos a un inquilino

Hace unos días nos entró una consulta a través de la web. Se trataba de una arrendadora que quería saber cómo resolver el contrato de arrendamiento con sus inquilinos porque quería poner el piso a la venta. Le pedimos el contrato y tras leerlo le explicamos dos cosas:

  1. que el contrato ya había vencido y no se habían firmado prórrogas, así que estaba en situación de tácita reconducción. Eso significa que se renueva mensualmente. Es decir, es una situación de inseguridad tremenda para el inquilino porque no es consciente de que le pueden echar del piso de un mes para otro. 
  2. Que el inquilino tenía derecho a pedir una prórroga extraordinaria de seis meses. Este derecho no es muy conocido ni por arrendadores ni por arrendatarios ya que es una de las medidas extraordinarias que ha puesto en marcha el Gobierno para proteger a inquilinos cuyo contrato de alquiler finaliza durante el estado de alarma. 

Ahí nos pidió presupuesto para hacer el escrito y se lo presentamos. Pero llegados a este punto nos pidió que en el escrito no mencionásemos el derecho del inquilino a pedir una prórroga.  Cuando dijimos que no podíamos omitir informar de ese derecho dejó de escribirnos. También le dijimos que seguramente encontraría muchas inmobiliarias que prepararía el escrito sin mencionar los derechos del inquilino y no me cabe duda de que lo habrá conseguido.

Ser éticos tiene un coste. 

En concreto, algo más de 1000 euros en el mes de enero. Y seguramente el impacto social habrá sido nulo, porque la propietaria que no quería alquilar a extranjeros habrá conseguido su objetivo (aunque sin contar con el excelente servicio de Etikalia) y la arrendadora que quería resolver el contrato habrá encontrado también a alguien dispuesto a notificar la finalización del contrato sin informar a los inquilinos de sus derechos. Pero ser éticos está en nuestro ADN y cuando ponemos en la balanza la ética (por no hablar de la legalidad) frente al dinero siempre estaremos del lado de la ética.

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