Barakaldo, 1905: la huelga de inquilinos que acabó en estado de guerra

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Tiempo de lectura estimado: 15 minutos

Buscando información en las hemerotecas sobre los sindicatos de inquilinos en el s. XX, y que dio lugar al post que publicamos hace unos días, encontramos mucha información sobre temas interesantes, entre ellos la huelga de inquilinos de Barakaldo y Sestao de 1905. 

Hemos buscado información bibliográfica sobre ese suceso pensando que alguien habría investigado ya ese hecho histórico, pero solo nos hemos encontrado menciones a ese evento en el libro de Juan Pablo Fusi sobre política obrera en el País Vascoo algún artículo en prensa con referencias a la hemeroteca y sin pretensiones de investigación histórica, o en algún artículo de investigación histórica.

Así que lo que vas a poder leer a continuación es la investigación más completa que se ha hecho hasta la fecha sobre la huelga de inquilinos de Barakaldo y Sestao de mayo de 1905. No tenemos la pretensión de realizar una investigación académica, con sus citas de fuentes, su contexto, su estado de la cuestión… Solamente queremos publicar un post en el blog de una pequeña agencia inmobiliaria de Bilbao y Vitoria-Gasteiz. Pero ya que nos ponemos, vamos a hacerlo bien y espero que te resulte interesante. 

Los antecedentes de la huelga de inquilinos de 1905

En 1905 nos encontramos en los primeros años del reinado de Alfonso XIII, que el 17 de mayo de 1905 justo hacía 3 años que reinaba sin la regencia de su madre y el contexto social que nos encontramos en la margen izquierda es una eclosión de la industria y la minería que provoca un fuerte movimiento migratorio hacia esta zona. Esto causa un problema de falta de viviendas para la población trabajadora que no empezaría a resolverse hasta 1911, con la Ley de Casas Baratas. 

Los problemas para los inquilinos eran ya acuciante y a principios de 1905 se constituye en Barakaldo la Sociedad de Inquilinos, entre cuyas primeras reivindicaciones está la reducción del 50% en las rentas que pagan por el alquiler de sus viviendas. Esta reivindicación no fue atendida por los arrendadores y algunos inquilinos decidieron dejar de pagar la renta. 

Los problemas de acceso a la vivienda no eran solo la carestía de los alquileres. La población, como hemos dicho, ha aumentado en progresión geométrica mientras que las viviendas solo lo han hecho en progresión aritmética, por lo que no hay oferta suficiente para cubrir la demanda. Eso lleva a situaciones de hacinamiento. Se habla de viviendas alquiladas dos veces aprovechando los turnos de las fábricas: de día duermen los obreros del turno de noche y viceversa. 

Es cierto que en algunas ciudades, como Bilbao, han hecho sus ensanches. Bilbao planeó en 1896 la ampliación del suyo. Pero estos ensanches eran para la gente rica, no para los obreros. De hecho los nuevos edificios de viviendas evitan las habitaciones interiores y buhardillas, que podrían tener unos precios más asequibles. La prensa de la época, cuando habla de las condiciones de las viviendas, usa términos y expresiones como pocilga o “antihigiénico amontonamiento”. 

A todo esto se añade una fuerte inflación: los salarios se mantienen pero los precios de los alimentos (y de las viviendas) suben. 

16 de mayo: desahucio en Barakaldo

El detonante de la huelga de inquilinos se produce el 16 de mayo, cuando el juzgado acude al lanzamiento de un inquilino. La población estaba informada y un grupo numeroso de personas acude al desahucio con intención de paralizarlo. Cuando llega el personal del juzgado este grupo de personas les apedrea y consigue paralizar el desahucio. Algún medio de prensa habla de un grupo de 300 personas. La Guardia Civil llega a apuntar al grupo con sus fusiles pero finalmente se retiran con la idea de conseguir refuerzos y volver al día siguiente. El País publica al día siguiente: “las amotinadas dicen que la carestía del pan y la carne les impide hacer pago de los alquileres”.

Los siguientes días se vivió una calma tensa en Barakaldo. Las mujeres, que fueron quienes protagonizaron los sucesos más importantes de esos días, decidieron custodiar las casas amenazadas de desahucio. Tanto el capitán de la Guardia Civil como el juez ofrecieron a las mujeres que los desahuciados siguieran en sus pisos hasta encontrar una alternativa habitacional, pero ellas no lo aceptaron.

Paralelamente se producen reuniones de la Sociedad de Inquilinos, que esos días plantea varias reivindicaciones:

  1. la reducción de los alquileres
  2. el saneamiento de las habitaciones por cuenta de los propietarios
  3. negar a los propietarios poder echar a los inquilinos sin causa justificada
  4. nombrar una comisión de inquilinos que inspeccione el estado de las viviendas, proponga las obras de saneamiento necesarias y las haga por su cuenta si se niega el propietario, descontando el importe del pago de la renta.

Como vemos la renta que se pagaba no era el único problema que entonces tenían los inquilinos, sino que a ello le acompañaba un estado más que deficiente de las condiciones de habitabilidad de las viviendas.

22 de mayo: se reanuda el desahucio y se llama a la huelga general

El lunes 22 de mayo se reanuda el desahucio que hubo que paralizar unos días antes. El juzgado se presentó en el domicilio (parece ser que en la calle San Juan) y el desahucio se hizo efectivo. Y es ahí donde se lía. La protesta la iniciaron las mujeres de Barakaldo, que decidieron sacar sus muebles y enseres a la calle. Algunas los llevan a las vías del tren y del tranvía y consiguen interrumpir el tráfico ferroviario, tanto de viajeros entre Bilbao y Portugalete como del tren minero. Uno de los propietarios, Juan Zunzunegui, decidió salir a la calle y recibió una paliza por parte de las mujeres. 

Los actos iniciales les parecen insuficiente y animan a los obreros a que dejen sus puestos en las fábricas, planteandose la posibilidad de hacer una huelga general. La propuesta de huelga se extiende a Sestao. En el turno de noche la huelga general ya es una realidad y solo acuden a las fábricas 600 de los 2000 obreros que debían hacerlo.

23 de mayo: declaración del estado de guerra

Por la mañana continúan las acciones reivindicativas: muebles en la calle, tráfico ferroviario interrumpido y huelga en las fábricas. Las mujeres se manifiestan por las calles con pancartas pidiendo la bajada de los alquileres al grito de ¡abajo los propietarios! La protesta se extiende a algunas fábricas de la margen derecha (zona Erandio-Lamiako) y se paraliza el trabajo en las minas de Bilbao (Morro, Malaespera y Miraflores). Se paran también los astilleros y la fábrica Aurrera. En Sestao se dice que 150 obreros entraron en la fábrica La Vizcaya y han agredido a su director, Antonio Echevarría. Se producen daños en la estación de Zorroza, en Bilbao. La prensa dice que alrededor de las fábricas hay 8000 obreros en actitud expectante. En la calle Portu de Barakaldo aparecen estos pasquines:

Texto de la sociedad de inquilinos aparecido en la calle Portu (Barakaldo)

Las autoridades civiles también mueven ficha. Llegan 40 guardias civiles procedentes de Durango y Gernika, que no parecen apaciguar los ánimos. Tampoco debió andar fino el gobernador civil, como veremos más adelante y acabó cediendo el mando al gobernador militar, lo que llevó a declarar el estado de guerra en los siguientes términos:

Declaración del estado de guerra firmada por el gobernador militar, general Soler

Con el estado de guerra declarado toda la autoridad pasa al gobernador militar. La declaración afecta a ambas márgenes de la ría, desde Bilbao hasta la desembocadura. El gobernador militar, Eduardo Soler y Maquen (más conocido como General Soler) moviliza al ejército. Desde Bilbao se envía a la zona a dos batallones de infantería de Garellano y se piden refuerzos a Santoña, Vitoria, Orduña y Burgos. Los militares entran por la tarde en Barakaldo y ante las amenazas de estos los vecinos deciden retirar los enseres de la calle. Aunque quizá les convenció más el hecho de que se puso a llover y no es nada cómodo dormir en un colchón mojado.  

Ese mismo día el Gobierno central ordena la censura telegráfica, por lo que la información de lo que sucede los siguientes días es más imprecisa y escasa. 

24 de mayo: se rompe la unidad de acción 

El miércoles 24 se publica el semanario del partido socialista “La lucha de clases” y ahí se hace pública ya la discrepancia entre socialistas y anarquistas. Es una pena que la hemeroteca de la diputación de Bizkaia no conserve muchos de los números de este semanario. Quizá el PSOE de Bilbao conserve una copia y algún amable lector nos la puede hacer llegar escaneada. En todo caso podemos conocer parte del contenido de lo que se publicó por otros periódicos de la época:

Texto publicado en «La lucha de clases», periódico del partido socialista

Como se ve, se atribuye la causa del conflicto al “desmedido afán de lucro de los propietarios”. Y como se ve en tantas ocasiones, esta vez también hay un “pero”:

los inquilinos merecen todas las simpatías del partido socialista PERO se hace un llamamiento al buen juicio de los obreros.

El partido socialista se muestra contrario a la huelga general y en algunos medios se dice que llegó a haber enfrentamientos físicos entre socialistas y anarquistas, quienes “se repartieron abundantes palos”. 

Mientras sucedía esto no podemos olvidar que se había declarado el estado de guerra y que el general Soler tenía a su disposición al ejército. El periódico el Liberal dice que “la sección de caballería al mando del teniente Villar hace una carga produciendo carreras y sustos” y que hubo algún detenido por insultar a las autoridades. Incluso el crucero Extremadura zarpa desde El Ferrol por si fuese necesaria su intervención. Y no se dice mucho más de la intervención del ejército. Así que resulta exagerado que se decrete el estado de guerra para hacer un par de cargas y dos detenciones. Yo he estado en manifestaciones donde la Ertzaintza se ha aplicado mucho más a fondo, ciertamente, y sin necesidad de declarar la guerra. Pero bueno, el asunto es que se había decretado la censura y los periódicos no tenían libertad para contar lo que estaba sucediendo. 

Queda para los historiadores investigar en otros archivos para intentar averiguar si hubo heridos o incluso fallecidos. Por ejemplo, varios periódicos mencionan el funeral civil de un niño el día 23. Algunos llegan a decir que se esperaba que asistiera una multitud y que no hubo disturbios en el acto. En aquellas fechas la mortalidad infantil estaba por las nubes y pudo ser una muerte natural pero ¿por qué aparece en la prensa cuando hablan de los sucesos de Barakaldo? En algunos periódicos se dice que muchas mujeres iban con sus hijos y que algunas de las que después fueron detenidas se llevaron a la cárcel a sus niños de pecho. ¿Pudo haber fallecido ese niño por las cargas del ejército? Tema de tesis (o al menos de TFM).

Volviendo a los hechos de ese día, en El Imparcial se dice que varios caseros bilbaínos habían publicado una carta en los periódicos “haciendo una breve historia retrospectiva, de la que aparece que hace tiempo se trabaja por crear el conflicto, y que estos hechos causan inmenso daño a Baracaldo, pues allí se vivo bien, porque se cobran muchos jornales do 13 y 15 pesetas”. No hemos conseguido encontrar ese texto, así que más deberes para quien quiera hacer el TFM.

25 de mayo, reunión de los inquilinos con el gobernador militar

El 25 de mayo el general Soler, que ya da por terminado el conflicto, recibe a una comisión de la Sociedad de Inquilinos, quienes le entregan un escrito con sus reivindicaciones. Por desgracia desconocemos el contenido de ese escrito, ya que la prensa de la época no lo recogió. Después de la reunión con Soler se reunieron los inquilinos en el Centro de Estudios Sociales, en Barakaldo. Allí explicaron cómo fue la reunión con Soler, quejándose de que los inquilinos habían sido engañados puesto que “retiraron los muebles de las calles a instancias del coronel de Garellano y ante las promesas que les hizo de que el capitán general haría a los caseros cambiar de actitud” pero ni siquiera propició una reunión entre inquilinos y propietarios para que éstos últimos conocieran las propuestas de los primeros. 

En mitad de esa reunión se presenta un piquete de infantería, dispersan la reunión por considerarla ilegal (en base al decreto del estado de guerra) y detienen a Ricardo Bermejo, que era el director del Centro de Estudios Sociales, donde se celebraban las reuniones de la sociedad de inquilinos. Y no solo eso sino que según El Liberal, también amenazaron con detener a tres periodistas “por asistir a una reunión ilegal”. Recordemos lo dicho sobre la censura impuesta.

En cuanto a la huelga, esta se da por finalizada, y en las fábricas se trabaja con normalidad, eso si, estando custodiadas por el ejército. La circulación de trenes también es la normal. 

Siguientes días: detenciones y consejos de guerra

El 26 de mayo han finalizado ya todos los incidentes. Solo aparecen algunos pasquines firmados por la sociedad de inquilinos donde se invita a éstos a no pagar las rentas y a no comprar en las tiendas de los caseros ni de los socialistas. En ellos se dice también que “han triunfado los caseros por la fuerza y la traición de los socialistas”. 

A partir de ese día empiezan las detenciones masivas, sobre todo de las mujeres que participaron en los bloqueos del tren y de las calles y de algunos hombres que participaron en agresiones o promovieron reuniones ilegales. La prensa de la época recoge algunos de los nombres pero nos quedaremos con los que nos parecen más significativos. 

Por una parte, dos de los detenidos terminaron en consejo de guerra que se celebraron en el cuartel de San Francisco. A Ricardo Bermejo se le acusaba de haber propiciado la reunión ilegal del día 25 y a Pedro Solloa (que era menor de 18 años) se le acusó de insultar a un militar. La censura impidió que la prensa pudiera dar información contrastada de las sentencias y distintos medios dan informaciones dispares: , que ambos fueron condenados a 6 años de prisión o que Bermejo fue condenado a 2 años y Solloa a 6 meses. De todas las mujeres detenidas, cuatro pasaron también a la jurisdicción militar, aunque no se dice por qué ni si se les hizo consejo de guerra. Estas cuatro mujeres fueron Encarnación Incera, Agustina Longrande, Paula López y Faustina Rey. El imparcial llega a decir que “con motivo de las detenciones se ha visto que algunas viviendas parecían una pocilga”

Los miñones detuvieron a dos hombres acusados de agredir al director de La Vizcaya: Bautista Rollon y Angel Menchaca. Y El Liberal informa de que “una comisión de socialistas visitó anoche al general Soler y pidiole la libertad de los correligionarios detenidos, diciendo que lo fueron por equivocación”. Desconocemos si Soler se lo tragó pero no tiene pinta. 

Finalmente el estado de guerra se levantó el 13 de junio.

Consecuencias de la huelga de inquilinos

Dimisión del general Soler

Foto del general Soler (documentación del archivo personal de Fermín Pescador en el Archivo Sección Nobleza del Archivo Histórico Nacional)

Curiosamente la consecuencia más inmediata sería también la más inesperada. El General Soler salió como el gran triunfador del enfrentamiento entre inquilinos, caseros y autoridades. Pero sorprendentemente pidió su dimisión 3 días después de levantar el estado de guerra y se le acepta a final de año. Aunque por el camino, Alfonso XIII le condecora con la Gran Cruz de Isabel la Católica. El motivo fue un escrito enviado a Madrid por la Cámara de Comercio y otras organizaciones “burguesas” agradeciendo y reconociendo la intervención del gobierno. Resulta que Soler no estaba de acuerdo porque según él el Gobernador Civil (Pedro de la Breña y Trevilla) no hizo lo suficiente y en lugar de intervenir con la Guardia  Civil para atajar el conflicto decidió pasar su responsabilidad al gobernador militar y que éste declarara el estado de guerra. Soler dice que él se negó inicialmente a pedir tropas e insistió en una solución “civil” pero parece que el gobernador civil no estaba por la labor. El gobernador civil parece que también presentó su dimisión pero no se le aceptó. En cambio la dimisión de Soler se aceptó el 20 de diciembre, oficialmente por motivos de salud. Anteriormente, el 20 de junio, Alfonso XIII le concede a Soler la Gran Cruz de Isabel la Católica

80 detenidos

Las detenciones no pararon los días siguientes al conflicto sino que continuaron incluso hasta finales de año. La prensa habla de un total de 80 detenidos. A principios de junio se detuvo al anarquista Estanislao Martín González, tesorero de la sociedad de inquilinos. En septiembre se detiene a otro anarquista, Aquilino Gómez, por estar implicado en la agresión al director de La Vizcaya.

Aparentes mejoras para los inquilinos

Noticia sobre la bajada de los alquileres tras la huelga de inquilinos

Sobre el éxito de las reivindicaciones planteadas por los inquilinos hay poca información en la prensa, únicamente referencias aisladas. Así que personalmente pondría en cuarentena esos logros. El Liberal decía ya el 25 de mayo que el juzgado de Barakaldo había paralizado los más de 100 desahucios pendientes “para evitar que el cumplimiento de las sentencias sea causa de disturbios”. También se afirma que “los propietarios bajaron las rentas y se avinieron con los retrasos”. Y por último hemos encontrado también una mención publicada el 1 de julio que dice que “se proyecta la construcción de un barrio obrero en Baracaldo para dar alojamiento cómodo y económico”. 

A más largo plazo, en 1911 se aprobó la ley de casas baratas, que tuvo un impacto indudable en la margen izquierda, desde Bilbao hasta Portugalete y que todavía hoy forma parte del paisaje urbano de estas localidades. Y las grandes empresas siderúrgicas se empezaron a plantear la necesidad de resolver el problema de la vivienda de sus trabajadores. Así, por ejemplo, el consejo de administración de Altos Hornos de Vizcaya decía en 1914 lo siguiente: “el hecho incontrovertible de la carestía de la vivienda en la zona industrial de Vizcaya, que ha de alcanzar mayor relieve al llevarse a cabo el establecimiento de la nueva factoría naval en Sestao

Anecdotario

Dejaremos dos anécdotas de estos sucesos. Una de ellas, recogida en la prensa, dice que cuando una de las mujeres fue detenida su marido dijo que le estaba bien por meterse donde no la llamaban. Y La Ilustración Española y Americana nos deja esta frase:

«mujeres amotinadas son terribles, y vizcaínas mucho más»

Extracto de La Ilustración Española y Americana

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