El dinero, ¿bueno o malo?

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Pasadas las vacaciones veraniegas seguimos con nuestras reflexiones más o menos profundas y más o menos estratégicas que nos están ayudando a dar pequeños pasos en la creación de ese nuevo modelo que hemos denominado “inmobiliaria ética”.

Escribía hace poco mi amiga María sobre los juicios y creencias que nos hemos/han creado sobre el dinero. Etikalia nació con juicios negativos sobre el dinero: insistíamos en el carácter sin ánimo de lucro de la empresa y renunciábamos a cobrar por parte de los servicios que prestaba la empresa pensando que de esa manera hacíamos un bien a la sociedad. Ahora veo que difícilmente se puede hacer bien renunciando a nuestros derechos.

En estas fechas, quizá por el hecho de estar en época electoral, he oído y leído debates sobre lo moral o inmoral de la riqueza. Un caso es el de Amancio Ortega, la persona más rica del mundo (al menos por unas horas), que cuenta con la admiración y respeto de amplios sectores sociales. El otro caso es el de Pili Zabala, candidata de Podemos a la lehendakaritza, que tiene un chalet en propiedad valorado en 1 millón de euros, lo que le ha granjeado fuertes críticas. Esas valoraciones buenas o malas hacia ambas personas se deben a esas creencias de las que hablábamos al principio. Parece que ser de izquierdas no es compatible con tener un chalet. En cambio se valora muy positivamente que Amancio Ortega gane lo suficiente como para comprarse dos chalets al día.

En mi opinión el dinero no es bueno ni es malo, es neutro. La bondad o maldad del dinero está en cómo lo ganas y en cómo lo inviertes. Dinero bueno es el que obtienes gracias a tu trabajo. Si eres empresario, además, debes establecer condiciones beneficiosas y justas para tus trabajadores (salario, horarios, beneficios, participación en las decisiones…) y para el resto de grupos de interés (accionistas, proveedores, clientes, entorno, aliados…). Dinero malo es el que obtienes, por ejemplo, teniendo trabajadores en condiciones de semi-esclavitud, pagando sueldos de miseria, vendiendo productos que en breve se quedarán obsoletos, abusando de tus proveedores, etc.

Expuesta esta reflexión, ¿hacia dónde debe ir Etikalia? José Luis Sampedro decía que es el dinero (y no el mercado) el que te da la libertad. Y nosotros queremos ser libres para popder alcanzar nuestros sueños, que no son precisamente baratos: crecer, generar empleo de calidad, sacar cada vez más viviendas en el mercado, ser referente para que se copie y extienda nuestro modelo, investigar nuevas fórmulas de acceso a la vivienda, mejorar y diversificar los servicios que damos a nuestros clientes, convertirnos en modelo de empresa que hace felices a sus empleados… En resumen, queremos generar felicidad en nuestro entorno. Para eso hace falta dinero. Un dinero que ganamos con nuestro trabajo honrado y que reinvertimos completamente en la empresa para que siga creciendo. Seguramente con nuestras prácticas no llegaremos a ser los más ricos del mundo, porque renunciamos a cosas que hacen ellos. Pero tampoco vamos a fustigarnos ni a sufrir porque nos vayan bien las cosas, como tampoco criticaremos a aquellos que consigan aumentar su riqueza de forma honrada y beneficiando a quienes de alguna manera contribuyen a ese enriquecimiento.

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